¡Contigo Chile!

Me veo compelido a dedicar unas breves líneas a nuestros hermanos chilenos. Realmente lamento mucho lo que les ha sucedido y mi solidaridad con ellos. Ante desgracias de este tipo lo último que debemos es permitir que provincialismos ridículos, rivalidades históricas o  antipatías personales nos impidan apoyar a nuestros vecinos ante una tragedia como la que acaban de padecer.  Sufrir un terremoto de más de 8.8 grados en la escala sísmica de Richter es algo trágico, como bien sabemos a raíz de la aún fresca desdicha que vivimos debido al sismo de Pisco (que fue de 7.9 grados).

El sábado me levanté en uno de mis habituales insomnios a las 4 a.m. y al prender la televisión me di con la espantosa noticia del terremoto en Chile, que acababa de producirse hacia sólo unos minutos. Tuve ocasión de seguir por televisión las increíbles y desoladoras imágenes de la desgracia. De inmediato mandé un correo a los buenos amigos chilenos que tengo. La verdad es que los pocos chilenos que conozco son personas simpáticas, nobles y amigables, les tengo un inmenso cariño y sus prontas respuestas contándome que la desgracia no los había afectado directamente en un plano distinto al material me alegraron inmensamente.

Desde entonces, seguí atentamente las noticias del terremoto analizando la actuación del estado chileno luego de este terremoto de proporciones bíblicas, y confieso que -salvo por el error que cometió en no prevenir a tiempo el tsunami en el Archipiélago Juan Fernández- el gobierno chileno ha tenido una pronta y organizada reacción para controlar la catástrofe. En estos casos es cuando sí se justifica la presencia del Estado para asistir a los damnificados y restablecer el orden público.

Ello, porque los desastres naturales ponen a las personas en situaciones de extrema necesidad que generan que éstas actúen sobre la base de un instinto de supervivencia. Eso explica los intentos de saqueo recientemente ocurridos en la región afectada, por citar sólo un ejemplo. Por ello es comprensible el Estado de Catástrofe declarado por el gobierno, que le permite restringir temporalmente la libertad de tránsito y el ejercicio de la propiedad privada, entre otras medidas de excepción. Sin embargo, este Estado transitorio, debe levantarse de inmediato una vez se reponga el orden, pues no pueden perdurar estas restricciones a la libertad y la propiedad más allá de lo estrictamente necesario. Igualmente, las potestades excepcionales que el gobierno se irroga con la declaración del Estado de Catástrofe deben ser ejercidas de la manera más restrictiva posible.

Nuestros vecinos están, como nosotros, acostumbrados a los movimientos telúricos, empero no sufrían uno de proporciones similares desde 1960 cuando los azotó un feroz terremoto de 9.5 grados en la escala de Ritcher, que causó la muerte de miles de personas. Ese terremoto, cuyo epicentro fue cercano a la ciudad de Valdivia, era conocido hasta hoy como el Gran Terremoto de Chile.  Hoy, 50 años más tarde, los chilenos han vuelto a enfrentar la ira de la naturaleza y es notable como la han resistido. Hasta este momento se registran poco más de 710 muertos, cifra que se incrementará conforme pasen las horas sin duda, pero demuestra por sí sola lo bien preparados que están para soportar grandes desastres. Distinto es el caso de sus vecinos, nosotros incluidos. En Haití, el terremoto del pasado mes de enero de 2010, de 7.7 grados, causó la muerte de más de 200,000 personas y en nuestro Perú, el terremoto en Pisco, de 7.9 grados, le costó la  vida a más de mil personas y aún no se puede reconstruir la ciudad, casi tres años más tarde. Será bueno que sigamos la forma en la que Chile enfrente la reconstrucción del país, seguramente será ejemplar.

Curioso y lúgubre es el hecho de que Chile empiece la nueva era política con una catástrofe de esta índole, Piñera tendrá una dura prueba en organizar la reconstrucción nacional. Por lo pronto, ha llamado a las empresas privadas a la solidaridad y al altruismo para poder reconstruir Chile en lo que será sin duda una larga y ardua tarea. Aquí debo señalar que las empresas privadas jugarán un rol excepcional. De saque los medios de comunicación, las redes sociales e incluso los buscadores de internet ya han jugado un rol fundamental demostrando la solidaridad al permitir la comunicación entre las personas (naturalmente desesperadas ante lo vivido). Otra actitud loable es la de la empresa ENTEL de dotar de saldo gratuito en teléfonos celulares para llamadas y mensajes de texto a cerca de un millón de damnificados. Seguramente así unas y otras se sumarán a la cruzada.

Lo único que debo criticar es la soberbia actitud de Bachelet y su siempre antipático canciller, al rechazar –temporalmente cierto– la ayuda internacional, para luego retractarse y clamar por ella. Esa actitud autosuficiente no es buena en momentos como esos, donde toda ayuda es necesaria y debe ser bienvenida. Felizmente regresaron a la cordura, abandonando la soberbia, pronto.

Por último, acertadísimo decretar en Perú, hoy 1 de marzo de 2010 duelo nacional por esta tragedia que han sufrido nuestros vecinos, era un gesto necesario para demostrar a Chile, en estos tristes momentos, nuestra amigable vecindad.

Las opiniones vertidas en este blog  son estrictamente personales y en nada comprometen a las entidades a las cuales el autor se encuentra vinculado.

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2 pensamientos en “¡Contigo Chile!

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