A más de un año del plan de estímulo fiscal de Obama

Estamos a más de un año del paquete de estímulo fiscal a la economía que dio el Presidente Obama con la aprobación del Congreso de los EE.UU., para capear la tempestad que arrasó con la confianza de los mercados estadounidenses a finales de 2008. El plan de estímulo consistió inicialmente en inyectar USD 787 mil millones a la economía (a la fecha finalmente el paquete aprobado es de más de USD 860 mil millones) de los que sólo se ha gastado un poco menos de la mitad hasta el momento.

Corresponde preguntarse a estas alturas del camino si el plan estímulo ha tenido los efectos deseados. En otras palabras, ¿cuántos empleos se han salvado con el paquete?, ¿cuánta inversión ha generado?, ¿a qué costo?, ¿qué hubiese pasado si no se hubiese aprobado el plan? Y más seriamente, ¿se debe escuchar a gente como Paul Krugman y otros también reputados economistas que abogan por un mayor estímulo por parte del gobierno?

Como bien ha indicado el brillante economista Gary Becker en el blog que tiene conjuntamente con el también brillante juez federal Richard Posner (The Becker-Posner Blog), en su post Fiscal Stimulus Packages: What are their Effects?, el plan de estímulo fiscal se basó en la vieja idea keynesiana del efecto multiplicador, según la cual la racionalidad para incrementar el gasto gubernamental mediante la inyección de dinero estatal al mercado es generar empleos y reactivar el consumo mediante la creación de puestos de trabajo para los desempleados (exceso de oferta laboral) y la utilización del capital del Estado. Este primer estímulo genera uno segundo, consistente en que se fomente a su vez el gasto privado, ello dado que la gente que ha obtenido empleos empieza a demandar bienes y servicios que ofertantes proveerán naturalmente y así se va reactivando el mercado, y se produce el efecto multiplicador del que Keynes habla como fruto del estímulo gubernamental mediante el gasto público. No obstante, al parecer, tal efecto multiplicador ha sido y será bastante pobre.

En efecto, Becker, cita un magnifico artículo publicado por Robert J. Barro en el Wall Street Journal el 23 de febrero de 2010, titulado The Stimulus Evidence One Year On, en el que indicando que el reputado economista de la Universidad de Harvard opina que el estímulo fue un error. Barro, basado en estudios de los gastos realizados por EE.UU. mediante estímulos previos, en épocas de guerras principalmente y en información macroeconómica de larga data, señala que el efecto multiplicador que tendrá el paquete de estímulo dado por Obama y el Congreso de los EE.UU. será de 0.4 el primer año y 0.6 el segundo año. Es decir que los USD 300 mil millones inyectados el primer año generarán un aumento en el PBI de USD 120 mil millones y los segundos de USD 300 mil millones inyectados el segundo año generarán un aumento en el PBI de USD 180 mil millones. Eso suena bien, hasta que se analiza que estamos ante un efecto multiplicador menor a 1. Es decir, el Estado se prestó USD se prestó más de USD 700 mil millones (no olvidemos que el dinero del estímulo provino de endeudamiento federal y no de impuestos), de lo que al gastar USD 600 mil millones para generará USD 400 mil millones de aumento en el PBI. Eso sin embargo, genera un déficit de USD 200 mil millones respecto del monto que se prestó para fomentar la economía. Como es obvio, para poder pagar ese dinero, el gobierno deberá retirar los estímulos y cobrar más impuestos. Cualquier medida distinta generará más déficit y en algún momento debe pagarse. Más impuestos generan menor consumo y con eso menor crecimiento económico.

En el corto plazo, como dice Barro, suena bien obtener una inyección de capital que genere un aumento del PBI hasta que uno descubre que ese déficit tiene que cubrirse y que para ello se deben incrementar los impuestos, lo que generará un reducción posterior en el PBI. A su vez, qué tal mal se vea esto depende mucho de en qué se gasté el dinero, si es en inversión pública útil (sistemas de transporte, servicios públicos, etc.) será mejor que si es gastado absurdamente en politiquerías, que es lo que ha pasado.

En resumen, lo malo de cada dólar que se invierte de dinero estatal mediante déficit, es que luego se debe recuperar, como decía Milton Friedman, “there is no free lunch!” (no hay almuerzo gratis) y eso incluye al gobierno. He ahí lo malo de las políticas keynesianas, como el dinero no crece en los árboles, luego el Estado pasa la factura a los ciudadanos, vía impuestos o, emisión de moneda, esto último es lo peor, pues genera inflación.

Por su parte, Richard Posner –que de forma bizarra se ha convertido de buenas a primera en un keynesiano– señala en su post Stimulus: Pluses and Minuses, que el plan original era en principio una medida necesaria, pues ha servido para evitar que el desempleo en los Estados Unidos llegue al 11% (actualmente está en 9.7%, pero llegó al 10% hace poco y nada asegura que no llegue a dos dígitos nuevamente). Para Posner alcanzar un 11% de desempleo hubiese sido nefasto. Para ser sincero, yo no compro ese argumento, no creo que USD 800 mil millones deben gastarse para salvar punto porcentual de puestos de trabajo tomando en cuenta la factura que ese gasto generará al hombre de a pie. Para mí, es una locura. A pesar de ello, Posner reconoce que el estímulo fue mal diseñado e implementado y pésimamente comunicado al pueblo. Coincide con Becker y Barro en que EE.UU. no debe profundizarlo mediante un posterior paquete.

Además Posner señala que es casi unánime en EE.UU. que el estímulo ha sido mal implementado y si bien aún hay quienes, como Krugman, abogan por una ampliación del plan de estímulo. Eso felizmente, es poco viable dada la impopularidad que tiene el actual. Un dato importante a tener en cuenta en este análisis es que el estímulo no es precisamente muy popular en los EE.UU., tan sólo el 6% de la población estadounidense cree que ha tenido un efecto positivo en la generación de empleos, uno de los principales propósitos de éste.

Lo triste de esto es que plan de estímulo de Obama pasará una factura inmensa sin duda en los años venideros, ya sea en forma de inflación y/o de impuestos. Pensemos en que hoy los Bancos tienen una gran cantidad de capital que no prestan en EE.UU., la gente está ahorrando dinero en lugar de gastarlo –probablemente porque esperan alzas impositivas pronto–, cuando los bancos presten ese capital, lo que tarde o temprano harán, y la gente incremente sus niveles de consumo, habrá un exceso de circulante en el mercado y eso es inflación segura. De otro lado, el Estado tiene que recuperar ese dinero que ha salido de sus arcas y no veo muchas formas distintas a los impuestos para ello. Así que en buena cuenta, creo que visto a más de un año más tarde, el plan de estímulo aprobado por Obama y el Congreso de EE.UU. ha sido un fiasco.

Eso pasa regularmente cuando el Estado interviene en la economía directamente, por eso en esto sigo fiel a la Escuela de Chicago y creo que es siempre mejor menos intervención del Estado en la economía. Como solía decir Milton Friedman, “The government solution to a problem is usually as bad as the problem” (algo como: “la solución gubernamental a un problema es usualmente tan mala como el problema”).

Las opiniones vertidas en este blog  son estrictamente personales y en nada comprometen a las entidades a las cuales el autor se encuentra vinculado.

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6 pensamientos en “A más de un año del plan de estímulo fiscal de Obama

  1. Coincido contigo Guillermo pues nunca la intervención del Estado en la Economía ha dado buenos resultados en el mediano y largo plazos, pues los efectos del estímulo obtenidos en el conto plazo, que parecen buenos, se diluyen con la factura resultante de tan inconveniente intervención.

    Un abrazo

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  2. Podría decirse, que en el caso de Estados Unidos, se preguntan ¿Cuál es el verdadero rol del Estado, en materia económica?. Siendo necesario precisar, que las medidas adoptadas por el gobierno de Obama, no han considerado el carácter inestable que define a la economía capitalista y el hecho de que si bien un Estado puede participar de la economía, su rol en materia de política fiscal debe ser “prudente”, así como en el ámbito monetario, evitar una serie de altas tasas de inflación.

    Es por ello, que discrepo en parte, con tu posición, dado que es el Estado, quién debe garantizar a través de medidas y políticas, una economía eficiente tanto a nivel macro como microeconómico.

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    • Fanny, yo creo que al Estado le corresponde sólo actuar como árbitro, la verdad es que su rol como emisor de circulante es peligroso. Al final de su vida Friedman dejó una frase que resumen la posición “abolish the FED!”,eliminen la reserva federal… la tentación de emitir dinero sin respaldo o tomar deuda pública generando déficit es demasiado tentadora polítcamente en épocas de crisis, pero excesivamente nociva a la larga.

      Yo creo que el mercado llega naturalmente a la eficiencia y luego se comprime, el ciclo de negocios del que hablan los austríacos y ahí el Estado no tiene un rol que jugar más que hacer que las reglas de juego se respeten y ser un observador imparcial (como un árbitro) cualqueir otro rol, potencializa que las épocas de implosión superen a las de expansión.

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  3. Guillermo, entiendo claramente tu posición pero entenderás que un rol de árbitro como el que propones, (si bien guarda para el Estado, las reglas de juego que refieres), no resulta claro, qué tan factible es que el mercado se desarrolle “de un modo libre”, hasta hoy los cuestionamientos que se hacía Friedman, se mantienen, porque el mayor enemigo del empresariado, es la competencia desleal.

    Asimismo, y partiendo de las ideas que postuló Smith (1), debo preguntarte ¿cómo podríamos llegar a una normativa reglamentaria y sancionadora que recoja tanto la posición del mercado como del Estado?

    Si bien, como te indicaba, quizá mi posición, es más de un buen Estado (así suene idealista) creo que cualquier cambio en nuestra política económica, dependerá de los consumidores, la empresa y del gobernante.

    1 La libertad económica es un requisito para la libertad política, ya que la combinación del poder político y económico en las mismas manos es una combinación segura para llegar a la tiranía. Milton Friedman, Rose Friedman, Libertad de Elegir, 1979, p.17

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    • Fanny, gracias por tu comentario.
      Esta vez discrepo contigo, yo creo que el peor enemigo del empresariado es la mala regulación, no la competencia desleal. Creo qeu el Esatdo sólo debe tener un rol reducido en el mercado (siendo que cada día me inclino más a pensar en que la posición de Ayn Rand de separar al Estado del mercado, si bien útipica, es deseable).
      La posición del mercado es la autoregulación y la del Estado es tan sólo el permitir el flujo de información. Evitar que la gente sea engañada (en regulación ex-ante) y hacer que los contratos se cumplan o se sancione el incumplimiento (ex-post). Creo que mientras más simples las reglas, mejores.

      Creo que los cambios sociales parten de abajo para arriba, la sociedad debe educarse y pretender su libertad y así llegará a lograrla eligiendo a la gente correcta para que la gobierne.

      Finalmente, concuerdo con Friedman en que la libertad económica es el camino a la individual (civil y política), como bien dijo en Capitalism and Freedom y en Free to Choose, pero hay un argumento en contra que me dijo el siempre sapiente Enrique Ghersi, es que eso le deja la pugna de las libertades civiles a la izquierda y ahí hay un problema de public choice. Polizar libertades es complicado, pero entre no tener ninguno y elegir una, sigo pensando que la económica es la principal.

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