Mis columnas del domingo 12 de octubre de 2010 y de hoy en el diario Expreso

El diario Expreso, en donde publico una columna de opinión semanal llamada “No hay almuerzo gratis” ha cambiado el formato su página web, haciéndola ciertamente más moderna. Aún no sé en qué sección de esta nueva página se publicarán mis artículos, así que transcribiré mis dos últimas columnas aquí. En el futuro seguiré haciendo un link a la página de Expreso para que puedan leerlas ahí.

Aprovecho para disculparme por no colgar nuevos posts en los últimos quince días, estuve de viaje con acceso muy limitado a internet.

Mi columna del domingo pasado (12 de octubre de 2010) fue sobre el discurso Nobel de Marios Vargas Llosa (MVLl) y fue publicada, como todas mis columnas en la página 4 del diario. La de hoy es sobre la crisis europea (aprovecho para agradecer los comentarios de Charles Philbrook a esta última). Transcribo ambas:

El discurso nobel de MVLl

Mucho se ha hablado en los últimos días sobre el Discurso Nobel de Mario Vargas Llosa (MVLl), titulado “Elogio de la lectura y la ficción” y sobre la forma emotiva en la que fue leído por el reciente receptor del Premio Nobel en Literatura. Yo me uniré, como lector aficionado más que como crítico, a esta avalancha de opiniones que sobre el discurso del primer Nobel peruano.

Los comentarios y críticas han ido desde calificarlo de brillante, hasta de decepcionante, yo me encuentro más cercano a los primeros, aunque debo reconocer que sí me pareció un poco disperso por momentos, poco teórico en materia literaria y quizás un tanto ideologizado. Sin embargo, eso no impidió,  en mi opinión, que el discurso tenga un hilo conductor identificable (aunque un poco disipado), pues MVLl, tiene esa aptitud que sólo tienen los grandes escritores de ser capaz de insertar anécdotas, vivencias  y hasta declaraciones de amor y gratitud, entre párrafos que trasmiten ideas más bien propias de la literatura, la ficción e incluso la libertad, sin que eso haga su prosa pesada o aburrida. Por el contrario, creo que cada palabra de su discurso fue la mejor elección entre las alternativas, lo que ha hecho que a pesar de los múltiples temas que aborda, haya en él frases hermosas sobre cada materia tratada. A ello debemos sumarle que que difícilmente se pueda encontrar un texto tan corto en el que se haga una exhibición de cultura tan basta.

Las principales críticas al discurso de MVLl han sido que fue demasiado autobiográfico, muy emotivo,  poco teórico y si bien no carecen de total asidero, sospecho que el propósito del escritor fue justamente ese, hacer un discurso personalista, que pueda interesar a la gente en ese hermoso vicio que es leer a través del relato de su propia experiencia, desnudando así las maravillas que ofrece la ficción, y eso quizás se consigue mejor cuando se descubre ante los demás que “igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de las vida”, como bien él lo ha puesto, en lugar de detallar cuáles son los recursos literarios que él o quienes lo influyeron han utilizado con rigurosidad científica.

Además, su defensa de la libertad, una constante en los últimos 40 años de su vida estuvo presente en el discurso (era evidente que no podía faltar), quizás desafiando a la academia que durante tantos años le negó el premio justamente por esa defensa del liberalismo (según una común sospecha).  En esa línea de libertad, Vargas Llosa con sinceridad nos dice que “las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones” y que el primer recurso que utilizan es restringir el acceso al conocimiento, que es una forma de hacerse libre.

A su vez, MVLl combate los nacionalismos, pues “el amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino al igual que cualquier otro amor, un  movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí”. Más aún, confiesa que detesta “(…) toda forma  de nacionalismo, ideología –o, más bien, religión– provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento”.   Diferencia además el premiado el concepto de nacionalismo del de patria, que se ajusta más al amor espontaneo que profesa y que debe ser el motor de todo amor en general.

Finalmente sus reflexiones sobre las bondades de la lectura y la ficción son fantásticas, no los abordaré por motivos de espacio, pero recomiendo mucho leer este discurso”.

Mi columna de hoy:

Problemas en Europa

La crisis europea representa un problema económico gigantesco y uno político inmenso. Así, los países más prósperos de Europa están en una encrucijada, ellos deben optar entre subsidiar a los más afectados o abandonar el Euro para que países como Irlanda o Grecia (a los que esperemos no se sumen Portugal o España) puedan reducir sus deudas devaluando su moneda. Eric Posner y Mitu Gulati han publicado en Slate un artículo acerca de cómo no debe solucionarse la crisis europea en el que señalan que “la primera alternativa es políticamente explosiva, la segunda, políticamente catastrófica”. Esto obedece a que, las soluciones económicas tienen costos políticos que quienes se dedican a esa actividad no están dispuestos a asumir.

Veamos, cuando los acreedores perdieron la confianza en Grecia, ese parecía ser un problema interno. Los griegos, además de tener un gasto público grosero, habían disfrazado sus cifras, sacando temporalmente activos tóxicos de sus libros mediante vehículos legales, lo que generó que los acreedores, al descubrir esto, decidan no prestarles más. Naturalmente esto puso en apuros a Grecia, pues ante esto lo único que cabía era ajustarse el cinturón y reducir su inmenso aparato estatal (consecuencia deseable luego de ese manejo irresponsable de sus políticas públicas). No obstante, la Comunidad Europea (CE) entró en acción y salvó a Grecia con subsidios en forma de préstamos. Sin embargo, la CE tardó en tomar esta decisión lo suficiente como para crear dudas en los acreedores de los demás países europeos. El mensaje que recibieron éstos fue, si la CE no estaba segura de salvar a Grecia entonces nada garantiza que salvará a los otros países en crisis.

Con Irlanda pasó algo distinto, el gobierno irlandés no tenía los niveles de deuda pública groseros que tenía el gobierno griego, sin embargo, tenía un sistema financiero terriblemente endeudado, que había prestado en exceso durante la burbuja. Sabido es hoy que los países no dejan que sus sistemas financieros quiebren, por lo que el gobierno irlandés tuvo que entrar a salvar al sistema financiero incrementando así su nivel de deuda pública. En ese momento, la canciller alemana Angela Merkel propuso que en el futuro las deudas soberanas no sea pagadas en su integridad (propuesta de la que al parecer se ha desistido), generando un pánico financiero en Irlanda que la empujó al borde del precipicio del que se acababa de rescatar a Grecia justo antes de que caiga.

Sobre esa base se pretende construir una serie de regulaciones para la crisis de las deudas soberanas que tienen como propósitos que los futuros acreedores sepan que no recuperarán el integro de su dinero en esos escenarios. Esto por supuesto ha puesto nerviosos a los acreedores que sólo confiados en los salvatajes estaban dispuestos a prestar. La idea es crear un sistema de reglas legales que permita evitar los salvatajes financieros, la realidad es que una vez que se inician es casi imposible pararlos.

Lo patético de todo este ejercicio es que parece que hoy las palabras quiebra y bancarrota se han borrado de los diccionarios y cualquier sector financiero o país que se maneje irresponsablemente no puede quebrar, por el contrario debe ser rescatado. Esto genera lo que los economistas conocen como riesgo moral, pues qué incentivos existen para manejar las finanzas responsablemente en un mundo en donde quebrar (la consecuencia natural de una mala gestión) ya no es una alternativa.

La gente tiende a culpar al sistema de libre mercado de este despropósito, pero no hay que confundirse, en un sistema de libre mercado, no hay salvatajes financieros, ni gobiernos con deudas gigantescas. Ambos son fruto del intervencionismo que el sistema de libre mercado, curiosamente, combate”.

En mi columna de hoy hay un error, en lugar de “Comunidad Europea” debe decir “Unión Europea.

Las opiniones vertidas en este blog son estrictamente personales y en nada comprometen a las entidades a las cuales el autor se encuentra vinculado.

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