“La objección de consciencia” en mi columna “No hay almuerzo gratis” en el Diario Expreso

Mi amigo Freddy Escobar escribió un post en su blog Contracorriente en el portal de Enfoque Derecho, en le que critica, desde un punto aristotélico la objección de consciencia contemplada en las nueva ley de libertad religiosa. El post se titula “La objeción de consciencia una crítica en nombre de Aristóteles” y puede ser leído aquí. Yo comparto la preocupación de Escobar sobre este tema, pues creo que este tipo de normas generan un beneficio indebido para quienes profesan una religión sobre quiénes no profesan ninguna. Además creo que, como bien denuncia Escobar, existe un error en la norma consistente en dar un trato igualitario a la moral y a la religión cuando ambas son absolutamente distintas. Es sobre eso que escribí en mi columna de hoy en el diario Expreso que a continuación transcribo:

La objeción de consciencia

Recientemente se ha publicado la Ley de Libertad Religiosa que tiene por propósito garantizar el derecho fundamental de toda persona a profesar cualquier religión, siempre que ejerza sus creencias dentro del marco del orden, la salud y la moral pública (si es que existe tal cosa como una moral pública). Me ha parecido sumamente curiosa la promulgación de esta norma, pues al ser la libertad de credo un derecho constitucionalmente reconocido, encuentro su protección legislativa populista e inútil. Más aún, creo que el sólo hecho de que una religión cuente o pretenda contar con un reconocimiento estatal es absurdo. ¿Acaso, las creencias de una persona o de un grupo de éstas si no son reconocidas por el Estado dejan de tener valor?  De otro lado, si el reconocimiento que se pretende tiene como propósito la obtención de un subsidio estatal, entonces es mercantilista y por ende injusto. No puede pretenderse que las creencias de unos sean financiadas por todos.

Sin embargo, nuestros legisladores en su afán de recogerlo todo en leyes tuvieron por conveniente promulgar esta norma que, si bien es inocua en su mayoría, contiene un artículo curioso que, como ha apuntado Freddy Escobar en su blog “Contracorriente” en el portal de Enfoque Derecho (http://www.enfoquederecho.com), podría ser utilizado para el incumplimiento de deberes legales por parte de ciertas personas que obtendrían así un beneficio que es negado al resto. Nos referimos al art. 4 de la ley:

La objeción de consciencia es la oposición de un individuo al cumplimiento de un deber legal, en razón de sus convicciones morales o religiosas.

Se ejerce la libertad de consciencia cuando alguien se ve imposibilitado de cumplir una obligación legal por causa de un imperativo, moral o religioso, grave o ineludible, reconocido por la entidad religiosa a la que pertenece” (énfasis agregado).

La norma parte de un error grosero, consistente en incluir a la moral como parte de las convicciones  religiosas de las personas, cuando éstas son distintas. La moral no es más que el conjunto de creencias que grupos determinados de personas tienen acerca de qué es lo correcto en su convivencia diaria. Naturalmente, la moral varía según los grupos de personas de que se trate y no es un fenómeno que esté ligado o dependa de la religión, pues los ateos y agnósticos tienen también sus propios preceptos morales.  De otro lado, la religión es, según sea monoteísta o politeísta, la creencia en uno o más seres superiores que mediante distintas formas nos han revelado el camino que debemos recorrer en nuestras vidas para obtener aquella recompensa que la religión de que se trate ofrezca.

Como puede verse, la moral no tiene por qué estar comprendida dentro de una ley que garantice la libertad religiosa, pues esta última sólo debe consistir en permitir que una persona pueda vivir su vida según esas revelaciones divinas en las que cree, pero no puede servir de excusa para apartarse del cumplimiento de la ley sobre la base de sus creencias morales, pues si ese fuese el caso, los ateos y agnósticos deberían también tener ese derecho.

Más aún, es discutible que sobre la base de las creencias religiosas pueda incumplirse la ley, pues ésta debería ser cumplida por ateos o creyentes por igual. No olvidemos que la igualdad ante la ley consiste en tratar de la misma forma a todas las personas, pues tiene el propósito de evitar la arbitrariedad de la autoridad, y no en aquella perversión según la cual debe tratarse igual a los iguales y desigual a los desiguales, pues justamente bajo ese axioma es que se rompe la esencia del principio de igualdad.

En todo caso, si realmente el legislador quisiera proteger las creencias de las personas lo haría con menos normas invasivas de la libertad, para que hayan menos deberes legales absurdos que vayan en contra de las creencias religiosas”.

Las opiniones vertidas en este blog son estrictamente personales y en nada comprometen a las entidades a las cuales el autor se encuentra vinculado.

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