“Lecciones para América Latina” y “los derechos y el socialismo” en mis columnas en Expreso

Disculpen la ausencia de posts en los últimos 15 días, transcribo mis dos últimas columnas en Expreso, la primera fue publicada en la edición del domingo 16 de enero y la segunda en la edición del domingo 23 de enero.

Columna del 16 de enero de 2010:

Lecciones para América Latina
Esta semana leí un breve estudio titulado “Lecciones de la Reciente Crisis que América Latina no debe Olvidar” publicado el 9 de noviembre de 2010 (Día Internacional de la Libertad) por diversas organizaciones liberales de América Latina en el que se analizan las diferencias en la capacidad de los diversos países afectados por la crisis económica (principalmente EEUU y los países de la Unión Europea–UE) en recuperarse de aquélla. El estudio conduce a tres lecciones que los países de América Latina deben aprender:

Los países con Estados menos pesados y rígidos salen más rápido de las crisis económicas mundiales. La pesadísima presión fiscal impuesta en los países de la UE, que encuentra su origen en sus modelos de economía de bienestar, ha generado que sus necesidades de financiamiento estatal sean excesivas y que estén en incapacidad de subsistir sin altos niveles de apalancamiento. Esto genera que deban recurrir a regímenes fiscales duros y tengan poca permeabilidad ante cambios coyunturales drásticos. De otro lado, los países con sistemas fiscales más flexibles han tenido un mejor desempeño frente a la crisis, pues tienen menos limitaciones para adaptarse a nuevos escenarios económicos.

América Latina está siendo tentada para aprovechar el “boom” de las materias primas para aumentar y “desfocalizar” sus políticas sociales… pero el aumento en el gasto público no logró mejoras en el desempeño ante la crisis. El alto precio de las materias primas ha aumentado los ingresos de América Latina, pues las economías de este lado del globo se basan principalmente en aquéllas. Sin embargo, esta es una espada de doble filo, pues fomenta el populismo, los gobiernos tratan de comprar votos de las personas más desamparadas sobre la base de asistencialismos, para lo cual recurren a un incremento del aparato estatal. Sin embargo, este “boom” en el precio de las materias primas no será eterno, al menos así lo enseña la historia y debemos ser celosos siempre del aumento en el tamaño del Estado, pues luego buscará otras fuentes de financiamiento y es ahí donde se generan las presiones fiscales que han impedido que los países puedan reaccionar ante la reciente crisis. El estudio revela que a mayor gasto fiscal, menor crecimiento en PBI.

Los gobiernos ante las crisis mundiales tienden a disminuir su libertad económica, sin embargo, las naciones más libres son las más prósperas del mundo. Ante un escenario de crisis, los Estados tienden a restringir la libertad económica de los agentes, interviniendo directamente en la economía, adoptando medidas asistencialistas o populistas y restringiendo el libre mercado, naturalmente contrario a tales políticas. Sin embargo, existe abundante evidencia (al respecto puede consultarse los Índices de Libertad Económica que publica el Heritage Foundation todos los años) que demuestra que mientras más libre es una economía, mejor es el nivel de vida de la población (mayor crecimiento en PBI y por tanto ingresos per cápita más altos), menos pobreza, menores niveles de analfabetismo, mejores sistemas de salud, etc. Por ello, si no se retiran a tiempo las medidas de este tipo (aunque lo ideal es que nunca se implanten) los países experimentarán retrocesos en los niveles de vida de la población.

La conclusión del estudio, como es natural dadas sus premisas, es que América Latina no debe dejarse nublar por el “boom” de las materias primas y debe buscar continuar o empezar, según sea el caso, con las reformas de flexibilización y liberación de sus economías, evitando el aumento del gasto público que sólo lleva a la inhabilidad de enfrentar futuras recesiones.

Columna del 23 de enero de 2010:

Los derechos y el socialismo
Los derechos individuales son un tema de frecuente discusión tanto en la academia como en la política, donde suelen ser usados como caballo de batalla. Son un fenómeno del que ni tirios ni troyanos pueden alejarse, pues todos coinciden en que el respeto a los derechos individuales es fundamental en una sociedad democrática. Sin embargo, en lo que no todos están de acuerdo es en qué consisten esos derechos, de dónde emanan y cómo deben ser protegidos, por lo que hay distintas fórmulas y propuestas para su reconocimiento y defensa.

Yo no soy un experto en la materia, ni mucho menos, pero sospecho que difícilmente alguien pueda argumentar que el Estado está por encima de los derechos de las personas, no creo posible que se pueda argüir válidamente que el Estado tenga carta blanca para violar nuestros derechos. Si esta sospecha es correcta, entonces me atrevo a opinar que los derechos individuales no provienen del Estado, sino que justamente limitan su poder, considerando que el Estado tiene el monopolio del uso de la fuerza legítima (sabemos ya que el uso de la fuerza es una situación de hecho que se presenta con frecuencia, pero la diferencia entre el uso de la fuerza entre los particulares y el Estado es que en el caso del segundo hay una legitimación).

Sin embargo, he notado que los socialistas –que además han hecho “suya” la causa de la defensa de los derechos individuales–, tienden a ser curiosamente los más vociferantes abogados de la violencia, la opresión y la violación de tales derechos (basta preguntarles por Cuba o Venezuela, o por algunos de sus ídolos como “Che” Guevara o Fidel Castro). Esta inconsecuencia es el resultado inevitable de su inconsistente ideología, que basada en soluciones obligatorias dadas por quien ostente el poder en función de lo que él considere “conveniente”, tiene como bastión fundamental el uso de la fuerza. Una solución obligatoria impide (o pretende hacerlo) que la gente se comporte  como libremente lo haría, atentando contra su libertad, que es curiosamente un derecho fundamental. La obligatoriedad de las leyes descansa, no debe olvidarse, en la amenaza del uso fuerza por parte del Estado ante su incumplimiento.

Como bien decía Manuel Ayau “no podemos escapar del hecho que existen solamente dos métodos para causar que la gente actúe como uno quiere. Se les puede persuadir, o bien, obligar por la fuerza”.  La segunda alternativa no es un problema si los actos cuya eliminación se persigue son incompatibles con los derechos individuales de las personas e impiden que estas convivan pacíficamente, pero si tales actos prohibidos son más bien fruto de la actuación voluntaria y pacífica de la gente, entonces el uso de la fuerza sí configura una violación de los derechos individuales.

Cosas tan simples como una ley que impide a las personas voluntariamente comercializar alcohol luego de cierta hora es sin duda una violación de los derechos de estas, no lo es sin embargo, aquella que sanciona a quien maneje en estado de ebriedad. En un caso, la persona debe ser libre de comprar e ingerir licor a la hora que desee, en el otro, no debe serlo de conducir en estado de ebriedad pues pone en riesgo la vida de los demás. Si además la hora es fijada en función de lo que a la autoridad le parece “prudente” entonces estamos ante una arbitrariedad estatal de aquellas que justamente los derechos individuales pretenden combatir.

Estas invasiones a la esfera privada de las personas deben hacernos reflexionar acerca del rol del Estado y las doctrinas socialistas, pues, como bien decía Ayau, “legalizar la destrucción de los derechos individuales es la forma en la que los socialistas invariablemente escogen para lograr sus objetivos: la homogenización de la sociedad de acuerdo  a su particular imagen, por medio de la violencia

Las opiniones vertidas en este blog son estrictamente personales y en nada comprometen a las entidades a las cuales el autor se encuentra vinculado.

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