“El principio de subsidiariedad” en mi columna “No hay almuerzo gratis” en Expreso

“El principio de subsidiariedad” en mi columna “No hay almuerzo gratis” en Expreso

Transcribo la columna que publiqué en el diario Expreso el domingo 13 de marzo de 2011 acerca del principio de subsidiariedad que debe guiar la actuación del Estado en el terreno económico.

El principio de subsidiariedad

Antonio Rosmini escribió en su tratado “Filosofía de la política” que “(…) el gobierno civil actúa contra su mandato cuando hace la competencia a los ciudadanos o a la sociedad que éstos forman para obtener alguna utilidad especial; y mucho más cuando, prohibiendo tales empresas a los individuos y sus sociedades, se reserva para sí su monopolio”, definiendo así el principio de subsidiariedad, que según el propio Rosmini consiste en “que el Estado haga lo que los ciudadanos no pueden hacer”.

Este principio, fundamental para el funcionamiento de una sociedad abierta, libre, es continuamente violado, con la venia, y muchas veces incluso a pedido, de la ciudadanía que constantemente confunde el rol subsidiario del Estado con el de un proveedor obligatorio de bienes y servicios “gratuitos” (que en realidad significa, con el dinero de los demás, pues como bien se sabe “no hay almuerzo gratis”).

Las campañas electorales muestran esta poca conciencia de los miembros de la sociedad acerca de cuál debe ser el rol del Estado en una dimensión alarmante. Así tenemos aspirantes a un cargo público que creen que el Estado debe tener un rol empresarial y suplante así al individuo. Es decir, quienes ofrecen que sea el Estado quien provea los bienes y servicios básicos en la sociedad, no porque estos no puedan ser provistos por los privados, como dicta el principio aquí explicado, sino porque creen que es deber del Estado hacerlo a  pesar de que los privados puedan estar proveyéndolo exitosamente.

Tenemos también quienes ofrecen millones de empleos “dignos”, educación gratuita para todos, inmejorables sistemas de salud pública, internet estatal, etc. En fin, promesas que tienen como fundamento la violación del principio de subsidiariedad son el pan de cada día en una campaña electoral y lo triste es que la población –que son los demandantes de promesas en este proceso– las compran con fervor.

Sin embargo, la pregunta es ¿por qué existe el principio de subsidiariedad? La respuesta es que a pesar de que todos quisiéramos vivir en un mundo en donde todas las necesidades humanas sean satisfechas por el Estado, eso no es posible pues existen recursos escasos para satisfacer necesidades infinitas. Al ser esto así, debemos permitir que sean las personas las que sobre la base de sus propias preferencias decidan cómo satisfacer sus necesidades. En otras palabras, que sean los individuos quienes resuelvan a qué se quieren dedicar, qué quieren producir y qué adquirir. Cuando el Estado se suplanta en el rol del individuo y le impide decidir libremente qué es lo que quiere hacer, sin tomar en cuenta sus preferencias, lo está obligando a pagar por cosas que bien pueden no interesarle, ni beneficiarlo y le está impidiendo que utilice sus recursos para satisfacer sus necesidades.

Esta consecuencia es inevitable dado que, como bien explicó F.A. Hayek, el conocimiento está disperso en la sociedad, siendo imposible para un solo individuo, o cualquier grupo de éstos,  determinar cuáles son las preferencias de los demás. Es por esto que debemos preferir el mercado, siempre que sea posible, y dejar al Estado sólo aquello que los individuos no puedan hacer. Es el mercado el único mecanismo que asegura que, sobre la base del conocimiento disperso en la sociedad, se realicen intercambios voluntarios mediante los cuales las personas satisfagan sus necesidades reales y no las que el Estado asume que tienen.

Cuando el Estado decide ser él quien deba prestar un servicio, impidiendo que los privados lo presten o compitiendo con estos con fondos públicos, lo que hace es evitar que el proceso de mercado –que es el único que garantiza la generación de riqueza en una sociedad–  funcione y que las personas puedan utilizar sus recursos escasos para satisfacer aquellas necesidades que les son, según sus propias preferencias, más importantes.

Las opiniones vertidas en este blog son estrictamente personales y en nada comprometen a las entidades a las cuales el autor se encuentra vinculado.


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2 pensamientos en ““El principio de subsidiariedad” en mi columna “No hay almuerzo gratis” en Expreso

  1. Querido sobrino, este artículo debería ser material de lectura obligatoria para todos los candidatos que están bregando para alcanzar la Presidencia de la República; pero me temo que algunos no lo entenderán y los otros, no obstante, segurián ofreciendo idioteces que desgraciadamente muchos se lo creerán.
    Me gustaría que comentaras cómo es posible, que por ejemplo se ofrezca fusionar el Banco de la Nación, con COFIDE y el Banco Agrario para crear EL BANCO DE LA ESPERANZA (no se que significa esta estupidez.

    Un abrazo tu tío Rafo

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