“La corrupción y el Estado” en mi columna “No hay almuerzo gratis” en el diario Expreso

Transcribo mi columna de hoy domingo 29 de mayo de 2011 pulicada en el diario Expreso:

La corrupción y el Estado

La corrupción, entendida como el acto de funcionarios públicos de aceptar pagos (o beneficios) indebidos a cambio de violar normas a efectos de impedir la aplicación de una ley o la implementación de una regulación, es un acto que se condena socialmente.  El problema que acarrea la corrupción es que no hay una víctima identificable, los perjudicados somos todos, dado que el Estado actúa con nuestro dinero y, supuestamente, en resguardo de nuestros intereses. Es decir, la víctima del delito es la sociedad en su conjunto y no uno de los actores de éste.

El argumento central en contra de la corrupción es uno moral. La corrupción es una violación de un principio fundamental que deben seguir las personas, el respeto de la ley. Sin embargo, contra la intuición general, la corrupción no es siempre mala e incluso en algunos casos es eficiente. Cuando el Estado es totalitario y emite leyes injustas, parecería que lo moral es ser “corrupto”. En Cuba, por ejemplo, se perseguía legalmente a las personas que tenían ideas distintas a las del régimen, pero nadie condenaría el soborno que realice una persona a un funcionario público para no ser detenido por tener ideas liberales. ¿Alguien acusaría de corrupto a un homosexual en Uganda por corromper a un funcionario público para no ser fusilado o una mujer en Afganistán por lo mismo para no ser apedreada por haberse descubierto el rostro en público? Tales serían casos de corrupción, pues se estaría corrompiendo a un funcionario estatal para que no aplique la ley.

Más aún, en casos menos extremos, hay varios estudios serios que demuestran que en países en donde se ponen trabas absurdas a la inversión y a la actividad empresarial, la corrupción –destinada a evitar esas trabas– ha generado crecimiento económico y ha sido causa de la eliminación de esas barreras al desarrollo económico, generando un efecto positivo; permitir la abrogación de normas absurdas que impiden el desarrollo de los individuos o el crecimiento económico. Esto se da porque el derecho (no la ley) no es un fenómeno lógico, sino praxeológico. No obedece a un diseño voluntario, sino a la acción humana, a la interacción de las personas en la sociedad. Por ello, la ley que no se base en el comportamiento de las personas, fomenta su incumplimiento. El legislador no es pues infalible, ni la ley inviolable.

Las personas sopesan los costos y beneficios que acarrea el cumplimiento de la ley, contra los que se generan por su incumplimiento y sobre esa base deciden cumplirla o no. En tal sentido, si las normas son absurdas y la sanción de incumplirlas (multiplicada por la probabilidad de que se aplique) es baja, entonces el beneficio de incumplirlas para algunas personas –incluso siendo corruptas– será mayor al de cumplirlas. Eso no pasará si el análisis arroja el resultado contrario. Para evitar la corrupción entonces se debe buscar hacer que el costo de incumplir las leyes sea alto, pero además hacer que las leyes sean razonables y no absurdas. Esto último es lo más importante.

En países con Estados gigantescos, insensatas leyes, funcionarios mal pagados y un Poder Judicial que carezca de independencia, se fomenta la corrupción y ésta no siempre tendrá efectos negativos solamente. Mientras que se impide la corrupción en países en donde se tiene pocas leyes, pero claras, un Estado pequeño y un Poder Judicial independiente.  Por ello, quien ofrezca un Estado más grande y más leyes y regulación para evitar la corrupción, lo que ofrece es apagar un incendio con gasolina.

Naturalmente, no es el propósito de este artículo defender a los corruptos, ni mucho menos señalar que la corrupción no trae más efectos nocivos que positivos, sino tan sólo aclarar que la corrupción es muchas veces consecuencia de la inoperancia del Estado.

Las opiniones vertidas en este blog son estrictamente personales y en nada comprometen a las entidades a las cuales el autor se encuentra vinculado.

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5 pensamientos en ““La corrupción y el Estado” en mi columna “No hay almuerzo gratis” en el diario Expreso

  1. Tienes toda la razón; más aún en un País como el nuestro en el que, parafraseando a Guillermo Cabanellas, la mayoría de las leyes no pretenden el bien común, sino el mal ajeno o el provecho propio; y, no se inspiran en la razón, sino en el interés.

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  2. Guillermo: tu ejemplo de Cuba y Uganda me crean ciertas dudas. Te concedo que las personas que pagan librarse de un mal sin justificación no serían corruptas. Pero si serían corruptos los funcionarios que cobran para evitar imponer ese mal a las personas. Ese funcionario si sería un desgraciado. Ahí lo que correspondería, quizás, sería la desobediencia a las normas que son injustas.

    Después el argumento de pagar para romper normas absurdas me parece que contiene un argumento perverso si es que quieres derivar una justificación de dicha situación. Lo que se tiene que hacer es luchar por derogar esa norma absurda. En este caso, estarías ante dos males: (i) una norma absurda y (ii) el pago a un funcionario para que no cumpla una norma absurda. (i) es peor que (ii), lo cual no significa que (ii) sea bueno o una situación óptima. Afirmar que algo sea menos malo, no significa que eso sea bueno. En la teoría de las decisiones se ha demostrado que ese tipo de enunciados no son lo mismo.

    De otro lado, las leyes deben ser las necesarias porque el Derecho exige un aparato burocrático para su cumpliimiento (o el sistema de enforcement). Cuanto más norma se quiera hacer cumplir, más grande deberá ser el aparato burocrático, por lo tanto, más recursos necesitarás para crear ese aparato, lo cual implicará más impuestos.
    En ese sentido, cuanto más intrusivo es el Estado, más grande será, más impuestos se necesitarán, y más se le extraeran a los privados. Por ello, sólo se debe imponer aquellas normas que sea justificado cobrarles impuestos a los particulares.

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    • Gracias por tu comentario.
      En materia de corrupción hay siempre un corruptor y un corrupto, si el corruptor no lo es, el corrupto tampoco -para los casos de Uganda y Cuba-.
      De otro lado, mi análisis es positivo, no normativo. No digo cómo deberían ser las cosas, sino cómo son y a qué se deben. La corrupción es muchas veces fruto de la ley -que no responda a la praxis-, en esos casos, la gente puede buscar cambiarla o incumplirla -abrogarla socialmente- y hará lo que sea más barato. No entro al terrerno normativo de que se debería hacer y señalo que dentro de lo que se hace, hay efectos positivos (aunque ciertamente no creo que superen a los negativos).

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  3. El crimen organizado y la seguridad familiar

    La ambición es la base de todo tipo de corrupción. Todos somos ambiciosos y por ende estamos predispuestos a la corrupción, pero la corrupción organizada (crimen organizado), es el peor mal, para un Estado débil, como lo que está pasando en México.

    Aceptar una propuesta de corrupción, como la pérdida de un expediente, no solo te expone, sino también, expone la salud y seguridad familiar.

    La clientela, el patronazgo, la subasta de cargos, extravío de expedientes etc. En ausencia del Estado, o ante la debilidad de éste, se recurra a ellos, sin tener en cuenta que el crimen organizado lo convierte en una forma de control y chantaje (no odies lo que eres, odia en lo que te han convertido).

    El liberalismo no es otra cosa que el control de los militares. Para invadir económicamente un país solo tienes que controlar a los militares (la política de prevención de Bush). No es raro que exista esta mayor tolerancia con la corrupción en países como, Italia.

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