“¿Reducir la pobreza o promover la igualdad?” en mi columna “No hay almuerzo gratis” en el diario Expreso

Transcribo mi columna publicada el 24 de julio de 2011 en el diario Expreso. En ella critico las declaraciones del Profesor Waldo Mendoza (Jefe del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú acerca de cuál debe ser la función del Estado.

Hago un precisión respecto de la entrevista que cito en mi artículo. Es una entrevista que fue publicada en la edición digital del diario La República y no en la versión impresa.

El texto de la columna:

¿Reducir la pobreza o promover la igualdad?

Leía una entrevista al profesor Waldo Mendoza (Jefe del Departamento de Economía de la PUCP) en la edición del diario La República de ayer sábado 23 de julio de 2011, en donde señalaba, entre otras cosas absurdas, que el mercado debe regularse, porque si bien reduce la pobreza o incluso puede eliminarla, no soluciona el problema de la desigualdad.  En palabras del profesor Mendoza: “La literatura enseña es que el mercado no soluciona los problemas de la desigualdad. El mercado puede hacer bajar la pobreza, incluso hasta hacerla desaparecer. Por ejemplo, con un crecimiento económico de 10% al año, en 30 años  desaparece la pobreza, pero la desigualdad puede sobrevivir. Y para el habitante es tan importante la pobreza como la desigualdad”.

La primera pregunta que uno debe realizarse ante una declaración como esta es cuál debe ser la meta de un país; eliminar la pobreza o fomentar la igualdad. Si es la primera, entonces el profesor Mendoza –que no es precisamente un paladín del liberalismo–  nos da la solución, el libre mercado puede –según él– incluso llegar a desparecer la pobreza. Si, empero, lo que se busca es lograr una sociedad más igual, entonces la receta es regular e intervenir el mercado.

Es correcto lo señalado por el profesor Mendoza. Es cierto que el mercado puede desaparecer la pobreza –generando riqueza–, un gran ejemplo es Perú en donde, con sólo algunas medidas de liberalización del mercado se ha logrado reducir la pobreza en la última década de 54% a 30% y la extrema pobreza de 24% a 10%. También es verdad que si uno quiere promover la igualdad debe regularse el mercado y planificarse centralmente la economía desde el Estado. Así todos serán igualmente pobres, un ejemplo es Cuba. No en vano Churchill decía que el socialismo era el reparto por igual de miseria.

Lo que no es correcto, sino más bien inmoral, es señalar que la igualdad y la pobreza están en el mismo orden de prioridades. El propósito de las políticas sociales debe ser reducir la pobreza, no fomentar la igualdad. A los gobernantes y a la sociedad en su conjunto nos debe preocupar que la gente no muera de hambre, de frío o no tenga en donde dormir o con qué vestir, más que preocuparnos si unos tienen más que otros. El problema es que como decía Milton Friedman, juzgamos las políticas públicas por sus intenciones y no por sus resultados. Sería maravilloso que seamos un país en donde todos tienen todo lo que necesitan y quieren por igual, pero eso no es real, justamente la economía estudia el proceso de asignación de los recursos limitados entre los fines competitivos de los individuos, como parece ignorar el profesor Mendoza.

Si hemos logrado reducir la pobreza y podemos eliminarla, entonces no debemos abandonar ese sendero. No perdamos de vista que el Estado ha probado (uniformemente a lo largo de la historia) ser un mal gestor de sus recursos, por lo que resulta anacrónico que se le pretenda asignar un rol activo en la economía. La receta para reducir e incluso eliminar la pobreza la ha reconocido un economista de izquierda como Waldo Mendoza y consiste en el libre mercado. Si tenemos la receta, usémosla para eliminar este mal, permitamos que el mercado actúe y seamos un país sin pobres, más que un país de iguales. No olvidemos que no hay almuerzo gratis y que las medidas que se tomen hoy, se pagarán mañana, precisamente con la moneda de la igualdad (la gente más pobre es más igual).

No dudo de las buenas intenciones del profesor Mendoza, pero como dice el refrán, de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, donde seguramente todos son pobres e iguales.

Las opiniones vertidas en este blog son estrictamente personales y en nada comprometen a las entidades a las cuales el autor se encuentra vinculado.

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