“Sinrazones para un cambio constitucional” en mi columna “No hay almuerzo gratis” en el diario Expreso

Transcribo mi columna, publicada hoy, domingo 7 de agosto de 2011 en el diario Expreso:

Sinrazones para un cambio constitucional

Diversas voces del sector público y la academia están reclamando el regreso de la Constitución de 1979 (C-79), pidiendo la abrogación de la actual. Tales pedidos se hacen de manera expresa o velada, ya sea exigiendo su restitución, pretendiendo modificar los resultados más importantes de ésta (especialmente referidas al ámbito de intervención del Estado en la economía) o simplemente jurando por ella al asumir un cargo público.

Las razones que fundamentan el abandono de la vigente Constitución de 1993 (C-93), son variopintas; van desde su génesis, pasan por sus resultados y terminan en la visión del rol del Estado.  

Es mi firme creencia que la C-93, sin ser perfecta (está lejos), es abismalmente mejor que la C-79 y que no existen razones válidas, que puedan ser respaldadas en data, que justifiquen su modificación. Por el contrario, considero que quienes pugnan por un cambio constitucional lo hacen por motivos románticos, ignorancia o propósitos personales que no responden al interés público, sino más bien a ambiciones de poder.

Para empezar, ambos constituciones fueron fruto de un congreso constituyente convocado a fin de retornar al país a la democracia  tras un periodo dictatorial, así que en la génesis no hay una gran diferencia. La primera sirvió de base para que ciertos parámetros de la revolución velasquista se legitimarán a nivel constitucional (me refiero a un Estado omnipresente, elefantiásicamente ineficiente y corrupto sobreviviera luego del régimen militar); la segunda, legitimar el golpe de Estado de Fujimori. Ambas tuvieron, nótese, el consentimiento popular.

En lo referido a los resultados que hemos experimentado al amparo de ambas constituciones, la comparación es vergonzosa. Como ha señalado el Instituto Peruano de Economía – IPE en su Comentario Diario del 4 de agosto pasado (Ver: http://ipe.org.pe/wp-content/uploads/2011/08/11_08_04.pdf), comparemos los resultados de ambas constituciones:

C-79 (vigente desde 1979 hasta 1993) vs. C-93, crecimiento en promedios anuales:

Inflación – C-79: 277% vs. C-93: 4.6%.

Producto por habitante – C-79: -2.1% vs. C-93: 3.8%.

Inversión privada – C-79: -0.1% vs. C-93: 8.3%.

Inversión estatal –  C-79: 1.5% vs. C-93: 7.2%.

Producción industrial: C-79: -0.8% vs. C-93: 5.1%.

Producción agropecuaria: C-79: 0.3% vs. C-93: 5.2%.

Exportaciones no tradicionales: C-79: 1.4%. vs. C-93: 12-8%.

Súmenle a ello que las reservas internacionales netas promediaron USD 854 millones durante la vigencia de la C-79, mientras que bajo la C-93 promediaron USD 14,895 millones.

En fin, podríamos revisar índices de reducción de pobreza, crecimiento del PBI anual, entre otros que confirmarían que los resultados obtenidos bajo la C-79 son paupérrimos si se los compara contra los obtenidos bajo el imperio de nuestra actual Carta Magna.  

Esto se debe a la visión que respecto del rol de Estado consagra cada una de las constituciones, mientras que la primera cree en el Estado como un actor activo en la economía que utilice los fondos que recauda coercitivamente mediante impuestos en actividades puedan parecerle supuestamente productivas a un grupo de burócratas, la otra cree que el respeto a la propiedad y a la libre iniciativa privada sea la fórmula para generar crecimiento. Esto genera que el Estado tenga más recursos (nunca el Estado ha tenido tantos recursos) y pueda invertirlo en diversos programas sociales, si así se quiere. Para distribuir riqueza, hay que crearla y el marco institucional de la C-79 probadamente no ha servido para eso.

Estar a favor del regreso a la C-79, sea total o parcial, es estar a favor de la miseria y la pobreza, yo no lo estoy y quien lo está sólo puede hacerlo por su ignorancia económica o por sus ambiciones de poder.

Las opiniones vertidas en este blog son estrictamente personales y en nada comprometen a las entidades a las cuales el autor se encuentra vinculado.

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Un pensamiento en ““Sinrazones para un cambio constitucional” en mi columna “No hay almuerzo gratis” en el diario Expreso

  1. Querido sobrino,exelente el análisis comparativo que haces de las Constituciones de 1979 y 1993. No creo que haya nada que agregar.

    Quienes evocaron los principios y valores o juraron por la Constitución de 1979 no sólo hicieron una provocación a los congresistas de la oposición e irrespetaron la Constitución de 1993 que en su Artículo 118° señala entre otros deberes, cumplir y hacer cumplir la Constitución, los tratados, las leyes y demás disposiciones legales vigentes, sino justificarían que alguien diga que no reconoce al Presidente y vicepresidentes elegidos, evocando los éxitos de la gestión de los precedentes o su prestancia y apego a las tradiciones democráticas en su juramentación al asumir el cargo.

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