Innovar no se planifica

Transcribo una columna que escribí en el diario El Comercio el 27 de junio del 2014, comentando la Estrategia Nacional para el Desarrollo de la Ciencia, Tecnología e Innovación del CONCYTEC. Esto en el marco de un debate, que se puede leer completo aquí y que se originó por una editorial del diario El Comercio (ver aquí).

La columna ha sido muy criticada en twitter, lo que me alegra porque significa que estamos contribuyendo al debate. Gran parte de las críticas, sin embargo, mal interpretan el artículo. En ningún momento, como el lector podrá determinar, he señalado que la innovación no sea importante para el desarrollo de una sociedad. Lo que señalo es que no es labor del Estado gastar nuestros impuestos en eso.

Transcripción:

Innovar no se planifica

El propósito de la “Estrategia nacional para el desarrollo de la ciencia, tecnología e innovación” publicada por Concytec es fortalecer y mejorar la eficiencia del Sistema Nacional de Innovación. Ocupamos el puesto 122 sobre un total de 148 países en un ránking publicado por el World Economic Forum (WEF).

Este plan pretende lograr que los resultados de las investigaciones atiendan las necesidades del sector productivo, incrementar el número de investigadores “debidamente calificados”, mejorar la calidad de los centros de investigación, crear un sistema de incentivos para la innovación del sector privado, entre otras metas.

 

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Entrevista en Rumbo Económico sobre los aportes de Gary Becker

La entrevista que me hizo mi amigo Enrique Pasquel en su programa Rumbo Económico, transmitido por Canal N de Perú sobre los aportes del recientemente fallecido economista Gary Becker.

Las opiniones vertidas en este blog son estrictamente personales y en nada comprometen a las entidades a las cuales el autor se encuentra vinculado.

Entrevista en Chile B sobre el momento económico que viven Chile y Perú

Pueden ver aquí la entrevista que le concedí a la periodista Bárbara Sifón del diario Chile B, que vale la pena seguir.

La entrevista es sobre el momento económico de Chile y Perú. La transcribo:

“Luego que el diario peruano El Comercio publicara una editorial pidiéndole a su país que aprovechara las reformas de Bachelet para consolidar a Perú como líder de la región, el peruano Guillermo Cabieses, profesor de Economía y Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú, la Universidad de Lima y la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, comenta —a título personal— que el camino que está tomando Bachelet no sólo perjudicará la economía local, sino que tendrá un efecto en nuestros vecinos, principalmente Perú y Colombia. “Chile se haría menos competitivo para captar inversiones si es que aumenta sus impuestos”, dice el investigador asociado de la Fundación para el Progreso.

—Siempre se ha hablado que la economía chilena ha destacado por sobre la región y que se trataría de un “milagro económico”, ¿cómo ve la actual situación económica de Chile?
—Las reformas implementadas por los llamados “Chicago Boys” fueron, en efecto, un milagro. Se dio en un momento en que la tendencia mundial era altamente intervencionista, resultó casi increíble que un gobierno autoritario estuviese dispuesto a implementar esas recetas. Los números no mienten y Chile es hasta hoy el líder de la región. Las reformas que se iniciaron en Chile a mediados de la década del setenta, fueron iniciadas en los ochenta por Estados Unidos e Inglaterra y en los noventa por otros países del mundo, entre ellos Perú.
—Chile tiene una economía sólida y muy desarrollada para los estándares de la región, al punto que 20 años de gobiernos de izquierda no han podido dar marcha atrás. La mejor vía para que Chile siga prosperando pasa por el camino de la reducción del Estado y no veo eso en el mapa político actual. Lo preocupante es la agenda política en discusión.

 

En los últimos años, Perú también se ha posicionado como una de las economías fuertes de la región, ¿qué es lo que los llevó a su actual posición?
—Perú está viviendo un buen momento económico desde hace mucho tiempo. Son varios los factores: el primero fue vencer el terrible problema del terrorismo. Lo segundo fue una liberalización parcial de la economía que se dio en los años noventa en los que se privatizaron varias empresas estatales, aunque menos de las que debieron ser privatizadas. Laflexibilización laboral que vivimos en los noventa permitió tener mercados dinámicos —reforma que lamentablemente duró poco— y los esfuerzos para permitir que las inversiones lleguen al Perú mediante la implementación de un régimen económico más amigable.

¿Hubo inspiración en las reformas chilenas?
Las reformas chilenas sin duda sirvieron de base a los otros procesos de liberalización de mercados que se dieron, no sólo en la región, sino en el mundo. La demostración en los hechos de que las recetas liberales funcionan mejor que las intervencionistas animó a los pueblos a transitar ese sendero y el resultado es, a pesar de las crisis que cada cierto tiempo se presentan porque son inevitables, que la prosperidad se ha dado en esos países de una manera bastante más notoria que aquellos en los que se optó por las antiguas fórmulas socialistas.

—Dentro de las propuestas de Bachelet está aumentar los impuestos a las empresas, la eliminación del FUT y la eliminación del Decreto Ley 600. Considerando lo anterior, ¿cuál cree que será el impacto que tendrán estas medidas en la posición chilena frente al Perú y el resto de la región?
—Creo que Chile se haría menos competitivo para captar inversiones si es que aumenta sus impuestos y pone trabas a la inversión privada. Sin embargo, la región en general está por el sendero incorrecto y difícilmente pueda decirse que el hecho de que Chile eleve sus impuestos genere que la gente se vaya a invertir a Argentina, Venezuela o Ecuador. El problema real es que la región es vista como una unidad por los grandes inversionistas mundiales, por lo que medidas que no faciliten las inversiones en un país de la región, lejos de favorecer a los vecinos, los perjudica.

—Con esta reforma Chile quedará como el tercer país de la OECD con mayores tributos, ¿ve en esto una oportunidad para el gobierno peruano?
—Si bien algunos podrían considerar que el hecho de que Chile eleve los impuestos es una buena noticia para Perú, mi impresión es la contraria. La mejor forma de asegurar el progreso de los pueblos es una región de mercados integrados. El comercio hermana a los pueblos y el gobierno peruano debe ver en Chile a un socio, no a un competidor.
El mundo nos ve aislados. Los grandes jugadores financieros del mundo ven a la región y no a cada país individualmente.Si Chile o Perú o Colombia van por un mal sendero, generan una externalidad negativa para sus vecinos, cuyos costos superan los beneficios de la oportunidad de “ganarles”. Puede ser que algunos sectores en los que compitamos por inversiones mejoren en el corto plazo.

—En la editorial del diario El Comercio se menciona que ”si el gobierno de Bachelet cambia el modelo chileno, el Perú debe consolidar el liderazgo económico de la región”, ¿está de acuerdo con esta afirmación?
—El gobierno peruano debe seguir el camino de la liberalización del mercado, el respeto de la propiedad privada, la flexibilización de las normas laborales, la baja de impuestos, la simplificación administrativas, entre otras reformas que están pendientes, con independencia de lo que hagan los demás países. Eso le garantizará ser un mejor país para todos. El propósito de las políticas públicas no puede ser ganarle a Chile.

—En la misma editorial se menciona que “existe una posibilidad de que la economía chilena termine “europeizándose””, ¿cuál sería el principal peligro de esta “europeización”?
—El principal peligro es que las medidas como esa afectan la competitividad de un país y pueden conducir a un círculo vicioso. Más impuestos significan menos inversiones, menos inviersiones significan menos recaudación y menos trabajo. Lo primero significa que se deban subir los impuestos para mantener el Estado de bienestar que se basa en el gasto estatal como fuente de soporte y menos trabajos significa que más personas requieren usar los servicios del Estado. Ésto, a su vez, genera que se suban los impuestos y por lo tanto haya menos inversión, dándose nuevamente el fenómeno. Tarde o temprano se llega a un punto en el que no se pueden seguir subiendo los impuestos, entonces el gobierno debe regresar sobre sus pasos para liberalizar nuevamente la economía con el costo que implica el tiempo perdido. El problema del socialismo es que tarde o temprano se termina el dinero ajeno que es la base del sistema.

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Derechos Humanos, costos y beneficios

Transcribo un artículo que publique el 10 de diciembre del 2013 en el portal IUS 360 sobre los costos y beneficios de los derechos. Este artículo generó un par de artículos que valen la pena leer. Mi artículo original puede verse aquí y lo transcribo más abajo. Una crítica de Renata Bregaglio & Renato Constantino puede leerse aquí y la respuesta de Sergio Garcia Long a esa crítica se encuentra aquí.

Mi artículo transcrito:

Derechos Humanos, costos y beneficios.

Una reciente nota del profesor de la Universidad de Chicago Eric A. Posner en Slate, sobre por qué EE.UU. no debería firmar tratados para la defensa de las personas discapacitadas ha regresado a mi mente una pregunta que vengo haciéndome desde hace algún tiempo: ¿son los tratados de derechos humanos eficientes? En otras palabras, acaso el sistema de defensa de los derechos humanos, lleno de tratados y convenciones, ¿cumple en la realidad su cometido de mejorar la calidad de vida de las personas?

La evidencia me hace pensar que no lo son y que, más bien, en algunos casos, cumplen incluso el rol contrario. En otras palabras, los supuestos beneficios intencionales que generan los tratados de derechos humanos, parecen ser superados por sus costos no intencionales. Significando esto que el sistema es ineficiente.

Empezaré mi análisis partiendo de una premisa que considero fundamental; encuentro que los tratados de derechos humanos son, muchas veces, contradictorios entre sí. Si se pretende defender la libertad, entonces no se puede promover la igualdad en términos de riqueza. Si se defienden los derechos laborales, entonces en cierta medida se deben violar los derechos de propiedad y viceversa. Eso, en mi opinión, genera que el cumplimiento de estos tratados termine siendo antojadizo y que algunos países muy pobres se jacten del nivel de igualdad patrimonial que han alcanzado (que ciertamente no mejora la calidad de vida de sus habitantes) y que otros más bien de la prosperidad que han logrado, gracias a libertad que han defendido, siendo en términos de ingresos bastante desiguales. Dejo constancia de que yo considero que los derechos humanos que deben ser defendidos principalmente son la vida, la propiedad y la libertad y que varios de los recogidos en estos tratados no son derechos en realidad, pero no es materia de este artículo, y será discusión de otro momento.

A esa inconsistencia se le suma, como bien indica Posner en la nota reseñada, que los países que firman este tipo de tratados tienden a asumir algunos costos para su cumplimiento que no necesariamente los benefician, considerando que toda decisión implica un trade-off y que lo que se gasta en una cosa no se puede gastar a la vez en otra. No hay almuerzo gratis. Por ejemplo, si un país pobre decidiese firmar un tratado para la defensa de las personas discapacitadas, entonces tendría que dedicar recursos a hacer rampas y elevadores para facilitar el desplazamiento de los inválidos, cuando probablemente la mayoría de éstos ni siquiera tenga sillas de ruedas con las cuales desplazarse y utilizar esas rampas y elevadores. Nótese además que tal país no estaría usando esos recursos en combatir la pobreza, que podría considerarse una prioridad más grande. Este tipo de limitaciones de actuación (costos en términos económicos) que imponen este tipo de tratados sobre los países pueden hacer que tengan que destinar recursos a bienes que, considerando los problemas de cada país, podrían no ser los más importantes. Más aún, otro costo que imponen estos tratados es tener que consultar con otros países la modificación de leyes internas que versen sobre los temas regulados en los tratados.

Algún defensor de los derechos humanos diría que estos son fundamentales porque sirven de freno a los abusos de las dictadoras o de los países autoritarios que se ven compelidos por ellos a no abusar del poder que detentan. Sin embargo, la evidencia parece contradecir este argumento. Parece, como veremos, que más bien estos tratados sirven de propaganda para ocultar las atrocidades que esos países cometen. Posner ha recogido evidencia del Human Rights Watch’s 2012 World Report que demuestra cómo países que han firmado este tipo de tratados los violan sistemáticamente. Uzbekistán, que es parte de una convención en defensa de los niños, tiene programas promovidos por el gobierno para el trabajo de niños. Arabia Saudita, parte de una convención contra la discriminación contra la mujer, prohíbe que las niñas y mujeres de todas las edades puedan viajar, estudiar o trabajar sin permiso de sus guardianes varones. Vietnam, que dice garantizar las libertades políticas gracias a que firmó un tratado en sentido, viola sistemáticamente el derecho a la asociación, expresión y libertad de expresión. China firmó un tratado contra la tortura, pero no parece haberla detenido. Nigeria es parte de una convención que condena la discriminación racial y étnica, sin embargo tiene políticas que discriminan a quienes no pueden rastrear sus ancestros a lo que se dice son los habitantes originales. En fin, los ejemplos son muchísimos y muy tristes.

La evidencia parece demostrar que muchas veces estos tratados, lejos de promover el respeto de los derechos de las personas, sirven para que los países que violan sistemáticamente estos se escuden en ellos y los utilicen como propaganda internacional para ocultar sus abusos y barbaries. Ese costo debe ser tenido en cuenta al sopesar los supuestos beneficios que realmente generan estos tratados.

Es mi impresión, además, que quienes tienen más incentivos para firmar este tipo de acuerdos son ese tipo de países que tienden a violar los derechos humanos y nos los democráticos que, probablemente, respetan los derechos humanos porque sus instituciones y leyes así lo establecen y no porque se sientan compelidos por los tratados que han firmado.

Parece ser el caso que, haciendo un análisis costo-beneficio propio de la Escuela de Chicago, nos damos con que los costos no intencionales que generan estos tratados (servir como escudo justamente para la violación de tales derechos) superan los beneficios intencionales de éstos, en este caso, que tales derechos sean protegidos. Por los que los considero, hasta que obtenga evidencia en contrario, ineficientes.”

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Los mercados eficientes y la racionalidad exuberante

Transcribo mi columna sobre las posiciones contrapuestas de Robert Schiller y Eugene Fama publicada en el diario digital Altavoz.pe el 6 de diciembre del 2013 (ver aquí) y en el portal del Cato institute el 10 de diciembre del 2013 (ver aquí).   

Los mercados eficientes y la racionalidad exuberante

Los profesores Robert Shiller y Eugene Fama (junto con Lars Peter Hansen) han sido premiados este año con el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel por sus estudios empíricos referidos a la valorización de activos. Este merecido reconocimiento a estos influyentes académicos en el campo de las finanzas resulta especialmente curioso dado que los premiados, Fama y Schiller, están intelectualmente en las antípodas del otro.

Como bien señala John Cochrane, mientras que Eugene Fama nos dice, a través de su hipótesis de los mercados eficientes, que los precios de las acciones, los bonos y los demás valores que se transan en los mercados de capitales reflejan en todo momento toda la información disponible a través de sus precios  gracias al comportamiento maximizador (racional) de los inversionistas, que en su búsqueda de información y sobre la base de su conocimiento y sus creencias sobre lo que pasará en el futuro, generan al realizar operaciones de mercado que los precios se muevan hasta alcanzar que los retornos esperados ajustados por riesgos sean iguales para todos los activos. Schiller proclama que la hipótesis de los mercados eficientes pierde de vista el punto, pues no sólo no se puede predecir el resultado del mercado, sino que un análisis de las fluctuaciones de precios en el largo plazo refleja que no existe eficiencia informativa porque los inversionistas no actúan racionalmente.

Para Fama, nadie le puede ganar al mercado. Como ha señalado Cachanosky, Fama nos dice que “los precios de ayer no nos ayudan a determinar el precio de mañana y las noticias que salen en los diarios son rápidamente capturados por los precios. El movimiento del precio de las acciones es un “random walk” y por lo tanto no hay una tendencia que permita obtener ganancias de capital”. Shiller por su parte no está tan seguro de eso y ha pretendido demostrar que en el largo plazo hay algunas variables que parecen determinar qué acciones van a tener una mejor performance que otras, lo que desvirtúa de cierta forma la hipótesis de Fama (para ser justos Fama tiene trabajos similares).  Shiller, a diferencia de Fama, cree que en muchos casos la gente se comporta irracionalmente, que los mercados no son eficientes en términos informativos y que es labor del estado regular los mercados para que estos comportamientos irracionales de las personas no nos conduzcan a desastres como la reciente crisis financiera.

Como puede verse, Fama y Shiller son caras opuestas de una misma moneda. Para el primero los mercados son eficientes en términos de información, es decir incorporarán la información disponible de manera inmediata gracias al comportamiento racional de los agentes económicos que mediante sus decisiones de inversión permiten que los precios incorporen la información disponible. Para el segundo, los mercados no incorporan la información de manera eficiente y eso se debe a que los agentes económicos no se comportan racionalmente. Por el contrario, se comportan, por momentos, manera exuberantemente irracionalmente al especular frenéticamente.

Se trata pues de una dicotomía entre quienes creemos en la racionalidad de las personas y quienes sostienen que el comportamiento de los individuos en el mercado es irracional y sobre esa base pretenden justificar la intervención del estado (que según entienden –sin fundamento– está libre de las irracionalidades que acusan en los demás). El Comité Nobel ha decidido declarar un empate y premiar a ambos por sus grandes aportes que han servido de base para el estudio de la valorización de activos y han fijado la agenda académica desde hace algunas décadas.

 

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Fama y los mercados eficientes

Transcribo mi columna publicada en el diario financiero Pulso el 7 de noviembre del 2013 (ver aquí, versión corta aquí). En el diario Altavoz el 8 de noviembre (aquí) y en el Portal del Cato Institute el 12 de noviembre del 2013 (aquí), a raíz del premio Nobel de economía que recibió recientemente.   

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Fama y los mercados Eficientes 

El profesor de la Universidad de Chicago Eugene Fama ha sido galardonado con el Premio Nobel de Economía (junto con los profesores Lars Peter Hansen, también de Chicago, y Robert Schiller de la Universidad de Yale) por sus estudios empíricos referidos a la valorización de activos. Este es un reconocimiento merecido a quién probablemente sea el académico más influyente en el campo de las finanzas.

No son pocas las ideas de Fama que hacen honor a su apellido, pero es probablemente su hipótesis de los mercados eficientes la que le ha valido el premio. Según esta idea, que es propia de la Escuela de Chicago, los precios de las acciones, los bonos y los demás valores que se transan en los mercados de capitales reflejan en todo momento toda la información disponible a través de sus precios. Esto a su vez es el resultado del comportamiento maximizador de los inversionistas, que en su búsqueda de información y sobre la base de su conocimiento y sus creencias sobre lo que pasará en el futuro, generan al realizar operaciones de mercado que los precios se muevan hasta alcanzar que los retornos esperados ajustados por riesgos sean iguales para todos los activos. Cualquier movimiento que se dé en el precio de un activo se debe a eventos no conocidos de antemano que rápidamente son incorporados en los nuevos precios. Esto implica que, para Fama, nadie le pueda ganar al mercado (el famoso “nobody beats the market”) porque no hay activos que estén constantemente por debajo de su precio que permitan que un administrador de portafolios pueda ganarle consistentemente al mercado.

Para Fama, que pertenece al ala más radical de la Escuela de Chicago, los mercados son eficientes debido a que incorporan de manera inmediata toda la información disponible en el precio que es un mecanismo de transmisión de información. Es imposible no vincular esta idea a la tesis de F.A. Hayek sobre como el sistema de precios nos permite coordinar el conocimiento que está disperso en la sociedad revelándonos las preferencias de las personas, siendo los mercados de capitales una prueba más de ello.

Las ideas de Fama no han estado exentas de críticas a lo largo del tiempo, pero han sido constante y duramente criticadas a raíz de la crisis financiera que se desató en el año 2008. Las críticas vinieron de múltiples frentes y básicamente consistían en señalar, de manera infundada, que el hecho de que se hubiese producido una crisis financiera era evidencia suficiente para demostrar de manera indubitable que los mercados no eran eficientes y  que era necesaria una intervención estatal.

Esa crítica, que aún se escucha con frecuencia, parte de un mala lectura del trabajo de Fama. Quienes lo critican le atribuye al término “eficiencia” un matiz distinto al que su tesis esboza, Fama no dice que por mercados de capitales eficientes debemos entender que en éstos nunca se producirán crisis, sino que los mercados de capitales incorporan de inmediato en los precios de los bienes que se transan toda la información disponible. En otras palabras, son eficientes en términos de información, dado que, como bien ha señalado John H. Cochrane, la consecuencia natural de un mercado competitivo es que si hay un señal de que el precio de un activo subirá en el futuro y ésta no ha sido incorporada aún en el precio, los participantes del mercado comprarán sobre la base de esa señal, haciendo que el precio suba hasta que refleje de manera completa toda la información disponible.

Esto, si lo entendemos bien, nos permite concluir que la reciente crisis financiera, lejos de refutar la tesis de Fama, la confirma. Era esperable que un mercado que daba rendimientos tan altos estuviese asociado a un alto riesgo. Eso es eficiente en términos de información.

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Planificación estatal estratégica o planificación centralizada encubierta

Transcribo mi columna publicada el 11 de octubre de 2013 en el diario digital Altavoz.pe:

Texto:

Planificación estatal estratégica o planificación centralizada encubierta

Hay un nuevo truco que quienes no creen en el mercado y desean reemplazarlo por la planificación centralizada están empleando para confundirnos y tratar de vendernos gato por liebre. El truco consistente en reemplazar el término “centralizada” por “estatal estratégica”. El propósito es que las personas creamos que las planificaciones estatales son similares a las empresariales. Hacernos creer que el estado puede alcanzar la misma eficiencia que los agentes de mercado, mediante la planificación centralizada. 

Como en todo truco, el catch está en darle apariencia de realidad a algo que es imposible. En este caso, pretender hacernos creer que el estado puede lograr mediante la planificación “estratégica” de las actividades económicas un resultado más eficiente que el que resultaría del proceso de mercado. Eso, no obstante, es una mera ilusión.

Lamentablemente para estos magos, hay varias diferencias entre las empresas y el estado que nos permiten descubrir sin mayor esfuerzo su ardid.

Las empresas operan con capital privado. Las personas invierten en éstas porque tiene la expectativa de un retorno. Si éste no se produce, entonces hicieron una mala inversión y sufren las consecuencias. Más aún, si la empresa quiebra, ellos pierden su dinero. Por esto, a quienes más capital ponen en un empresa se les da el derecho de nombrar a los administradores, pues son quiénes más riesgo están asumiendo.

En el caso del estado esto no es así, quienes ponen el capital son las personas mediante sus impuestos. Los administradores no los elijen quienes más capital pusieron, sino los gobernantes que a su vez fueron elegidos bajo la regla de un voto por persona. Las estados no quiebran, más bien cada día le cuestan más a los ciudadanos en impuestos (presentes o futuros, no olvidemos que cuando un estado se endeuda, lo único que hace es comprometer los ingresos futuros de las personas para el pago de esa deuda).

Aquí tenemos un problema insalvable, los incentivos para realizar actividades eficientes son absolutamente distintos si quienes deciden arriesgan su dinero o el dinero de los demás. Sea que ese dinero se arriesgue directamente mediante empresas estatales o indirectamente mediante subsidios a ciertos sectores de la economía.

Otra diferencia fundamental es que las empresas crecen hasta el punto en donde resulta más costoso realizar una actividad al interior de la firma que a través del sistema de precios. La planificación por el contrario es la negación del sistema de precios. El estado tiene la tendencia a incrementar sus actividades cada vez más, dado que la restricción de los costos no la sufren los administradores, sino los contribuyentes.   

Finalmente, y esto es lo más importante, dado que el conocimiento está disperso en la sociedad, es imposible que estado pueda planificar (sea estratégica o centralizadamente) eficientemente la actividad económica pues no puede saber cuáles son las preferencias de la gente. Es justamente mediante el proceso competitivo que los empresarios descubren cuáles son las preferencias de las personas. La planificación le cierra las puertas al descubrimiento, porque no deja que los agentes actúen libremente, sino los sujeta a una serie de actividades predeterminadas para lograr un fin. Todo plan debe ser implementado y por lo tanto requiere de alguien que lo implemente. Ese alguien, en este caso, es el estado y para implementarlo deberá restringir la libertad de las personas privándolos de su capacidad de decidir qué producir, a qué precio vender, a qué precio comprar, etc.

Quienes defienden la planificación estatal estratégica pretenden hacernos creer que hay una gran diferencia entre ésta y la planificación centralizada. Que hablar de la segunda es estar atrapado en el pasado, ignorar que el muro de la vergüenza fue derrumbado. Más aún, trataran de convencernos de que estos planes sólo se implementarán si hay consenso (curioso, creen que se puede en el terreno económico lograr el consenso que no se tiene en el político mediante las democracias).

Sin embargo, no debemos dejarnos engañar. La planificación estatal estratégica no es otra cosa que un juego de magia para disfrazar la planificación centralizada bajo otro nombre y la historia ha demostrado, una y otra vez, que esa es la receta para el fracaso.

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